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Revista AVGVSTINVS

Último número
AVGVSTINVS -212-213 / 214-215- 2009
54 (enero-junio y julio-diciembre)

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Pensamientos Agustinianos

Pensamientos Agustinianos

14 de marzo

Domingo 4º de Cuaresma (Ciclo C)
Lc 15,1-3.11-32: Homilía de san Agustín (Sermón 112 A, 5)

“Se levantó y retornó. Había permanecido o bien en tierra, o bien con caídas continuas. Su padre lo ve de lejos y le sale al encuentro. Su voz está en el salmo: Conociste de lejos mis pensamientos (Sal 138,3). ¿Cuáles? Los que tuvo en su interior: Diré a mi padre: pequé contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo, hazme como uno de tus mercenarios (Lc 15,13-19). Aunque ya pensaba decirlo, no lo decía aún; con todo, el padre lo oía como si lo estuviera diciendo.

A veces se halla uno en medio de una tribulación o una tentación y piensa orar; con el mismo pensamiento reflexiona sobre lo que ha de decir a Dios en la oración, como hijo que por serlo solicita la misericordia del Padre. Y dice en su corazón: «Diré a mi Dios esto y aquello; no temo que al decirle esto, al gemirle así, tapone sus oídos mi Dios». La mayor parte de las veces ya le está oyendo mientras dice esto, pues el mismo pensamiento no se oculta a los ojos de Dios. Cuando él se disponía a orar, estaba ya presente quien iba a estarlo una vez que empezase la oración. Por eso se dice en otro salmo: Dije, declararé al Señor mi delito (Sal 31,5).

Ved cómo llegó a decir algo en su interior; ved su propósito. Y al momento añadió: Y tú perdonaste la impiedad de mi corazón (Ib.). ¡Cuán cerca está la misericordia de Dios de quien se confiesa! Dios no está lejos de los contritos de corazón. Así lo tienes escrito: Cerca está el Señor de los que atribularon su corazón (Sal 33,19). Éste ya había atribulado su corazón en la región de la miseria; había retornado a él para quebrantarlo. Por soberbia había abandonado su corazón y lleno de ira había retornado a él”.

(Trad. de Pío de Luis, osa)

Archivo de Pensamientos Agustinianos

15 de marzo. Por eso consideré la dolencia de mis pecados, causada de las tres concupiscencias, e invoqué tu diestra para que me ayudase a salvarme. Porque con el corazón herido vi vuestro esplendor, y, deslumbrado, dije: «¿Quién puede llegar allí? Estoy por el suelo en tu presencia. Tú eres la Verdad que todo lo preside».

Confessiones X, 41,66

16 de marzo. Pero vemos que el alma es pecadora, y se revuelca en miserias, y busca la verdad, y anda menesterosa de un libertador. Estas alteraciones me muestran que ella no es Dios.

Contra Fortunatum 1,11

17 de marzo. Yo estoy en esta vida y en esta tierra; yo pobre y peregrino, gimiendo y sin disfrutar de la paz todavía y predicando tu paz.

Enarrationes in psalmos 121,13

18 de marzo. Voy en busca de aquel ser puro, voy en busca del ser verdadero; busco el ser auténtico, el ser que está en aquella Jerusalén donde no hay muerte, ni desfallecimiento, ni día pasajero, precedido del ayer y empujado por el mañana.

Enarrationes in psalmos 38

19 de marzo. San José (Ciclo C)
Mt 1, 16-21. 24: Homilía de san Agustín (Sermón 51,30)

“Por qué las generaciones se cuentan por la línea de José y no por la de María, no debe ser motivo de preocupación... El ángel ordena a los dos que impongan el nombre al niño, con lo que se manifiesta que ambos tienen autoridad paterna. Pues estando todavía mudo Zacarías, la madre impuso el nombre al hijo que le había nacido. Y cuando los allí presentes preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamase, tomando las tablillas, escribió lo mismo que ella había dicho. Se dice también a María: He aquí que vas a concebir un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Lc 1, 31). Y a José: José, hijo de David, no temas recibir a María como tu esposa, porque lo que en ella ha nacido es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús: él salvará a su pueblo de todos sus pecados (Mt 1, 20).

Se afirma también: Y le dio a luz un hijo (Lc 2,7), con lo que se le reconoce como padre, no por obra de la carne, sino por la del amor. Así es como él es padre. Con suma cautela y prudencia, pues, cuentan los evangelistas las generaciones por su línea, tanto Mateo, descendiendo desde Abrahán hasta Cristo, como Lucas, ascendiendo desde Cristo hasta Dios, pasando por Abrahán. Uno las cuenta en línea descendente, otro en línea ascendente, pero ambos por medio de José. ¿Por qué? Porque era padre. ¿Cómo es que era padre? Porque su paternidad era tanto más auténtica cuanto más casta. Ciertamente era considerado como padre de nuestro Señor Jesucristo, pero de otra manera, es decir, como los demás padres que engendran en la carne y reciben hijos por cauce distinto al solo afecto espiritual. Pues dice Lucas también: Se le creía padre de Jesús (Lc 1,23)”.

(Trad. de Pío de Luis, osa)