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El Gobierno de Filipinas homenajea a san Ezequiel

La primera placa oficial concedida a un santo

La Comisión de Historia, Cultura y Patrimonio de la Provincia filipina de los agustinos recoletos. llevaba casi un año intentándolo. Se trataba de lograr la concesión de una placa oficial que reconociera a san Ezequiel Moreno como cofundador de la ciudad de Puerto Princesa, capital de la isla de Palawan, en Filipinas.

La base de la petición era firme: el joven fray Ezequiel fue capellán del destacamento militar enviado en 1872 por el Gobierno español para establecer en el norte de la Isla el asentamiento que luego sería Puerto Princesa. En los diez meses que la salud le permitió mantenerse allí (marzo 1872-enero 1873), el Santo se desvivió por explorar los alrededores y evangelizar a los indígenas de los ríos Inagawán y Aborlan.

El problema era que conseguir el reconocimiento de una placa de la máxima autoridad cultural de Filipinas, la Comisión Histórica Nacional, es empresa ardua. De entrada, nunca se le había concedido a un no filipino o a un santo; no la tiene ninguno de los dos santos nacionales, Lorenzo Ruiz y Pedro Calungsod.

Después de muchas gestiones y de varias propuestas de redacción del texto que en letras blancas figuraría sobre el hierro fundido de la placa, el proyecto fue aprobado a mediados del mes de septiembre. Y se acordó como fecha más propicia para instalarla la del día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, patrona de Puerto Princesa y titular de su catedral. Porque el lugar sólo podía ser la plaza delante de la catedral. Por dos razones: porque la había construido el último obispo agustino recoleto, monseñor Gregorio Espiga, en 1961; y porque éste es justamente el sitio donde el capellán militar fray Ezequiel Moreno celebró la primera misa en el lejano 1872.

“Una ciudad fundada por un Santo”

El día 8 de diciembre, cuando todo el país temblaba ante la inminente llegada del tifón Ruby, en la luminosa catedral neogótica de Puerto Princesa se celebraba una solemne eucaristía. Debía haberla presidido el prior provincial de los agustinos recoletos de Filipinas, Lauro Lárlar, pero el tifón le había impedido desplazarse desde Manila. Ocupaba su lugar quien fue su antecesor en el cargo, así como antiguo misionero en Palawan, Regino Bangcaya. Concelebraban trece agustinos recoletos venidos de los varios ministerios de Palawan. Y, entre los asistentes que se apretaban en la nave del templo, destacaban numerosas hermanas agustinas recoletas, miembros de la Fraternidad Seglar y numerosos feligreses de los ministerios de la Orden: Puerto Princesa, Luzviminda, Plaridel, Tagburos, Brooke’s Point, Inagawan, Liminangcong, Narra y Casian.

Acto seguido, se procedió al develamiento de la placa, que unos días antes había llegado en avión desde Manila. Intervino en primer lugar el alcalde de la ciudad, Lucilo Bayron, quien dio la bienvenida a los huéspedes, al tiempo que agradecía a Dios haber librado a Palawan del embate del tifón. Y, refiriéndose al Santo, afirmó sin ambages: “Nuestra tierra se siente bendecida por tener a san Ezequiel como evangelizador de nuestros antepasados”. A continuación, se descorrió la cortina y pudo leerse la placa, que fue bendecida por el presidente de la Comisión recoleta, René Paglinawan. Siguieron unas palabras del profesor Luis Romanillos, asesor histórico de los agustinos recoletos, quien dio cuenta de las múltiples gestiones y trabajos que habían conducido a este final feliz de la concesión del monumento. Y el acto concluyó con la intervención del vicegobernador de la provincia de Palawan, Dennis Socrates, que dio “las gracias a los agustinos recoletos por traernos a Jesucristo a Palawan y por llevarnos a Él a los palaweños”. Para concluir afirmando que “fue san Ezequiel Moreno quien hizo posible que podamos enorgullecernos de tener ‘una ciudad fundada por un Santo’”.

Para perpetua memoria

Aún hubo, ya en las dependencias del restaurante donde se celebró el evento, otra conferencia del profesor Luis Romanillos, quien rememoró ante sus oyentes las andanzas del Santo por los distintos lugares de Palawan. No en vano Romanillos es biógrafo y apasionado del Santo y ha sido quien principalmente ha elaborado –y retocado, según las exigencias de la Comisión Histórica Nacional‑ la leyenda que figura en la placa, cuyo texto, traducido del filipino, reza así: “San Ezequiel Moreno. 1848-1906.— Sacerdote agustino recoleto y santo. Nacido en La Rioja, España, 9 abril 1848. Llegado a Manila, 10 febrero 1870. Ordenado sacerdote en la catedral de Manila, 2 junio 1871. Cofundador del pueblo de Puerto Princesa en cuanto misionero, capellán militar y de la colonia penal, 4 marzo 1872. Desde 1873 hasta 1885, cura párroco de Calapán (Mindoro), Las Piñas, Santo Tomás (Batangas), Santa Cruz (Manila) y administrador de la Hacienda de Imus. Murió en España enfermo de cáncer, 19 agosto 1906. Canonizado por el papa Juan Pablo II por su santidad, gran ejemplo de vida y servicio incondicional a los pobres y enfermos de Filipinas, España y Colombia, 11 octubre 1992. Es tenido por protector contra el cáncer”.

Al cuidado de los recoletos

Y quedaba un último acto, que tuvo lugar en el mismo escenario el día 11. En una ceremonia muy simple en la que apenas participaron pocos testigos, la Comisión Histórica Nacional de Filipinas encargó a los agustinos recoletos el cuidado del monumento. Representaba a la institución su directora ejecutiva, Carminda Arévalo, que entregó el documento de cesión al prior provincial de los agustinos recoletos, Lauro Lárlar. Al aceptarlo y firmarlo, éste se comprometía, en nombre de la Orden, a velar por el mantenimiento del conjunto: la placa con sus 92 kilos y la base de mármol que la sostiene, las dos columnas que la flanquean, el césped del entorno y la verja correspondiente.

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