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Monseñor Rodríguez Carballo: “Sean pobres, no se crean dueños de la verdad”

El domingo 21 de junio por la tarde, comenzaba en Roma el Curso de Renovación 2015, organizado por la Orden. Los participantes, 24, procedían de seis países: Méjico, Colombia, Brasil, Filipinas, Italia y España. Como lugar se había escogido una Casa de Ejercicios Espirituales en la zona romana del Trullo, un lugar amplio y arbolado que ayuda a conseguir los objetivos del Curso: actualización, reflexión, convivencia y oración.

Revitalización, interioridad, vida consagrada

El tema general era el señalado para todas las actividades del año 2015: “´Revitalización, interioridad, vida consagrada”. A cada una de las tres realidades se dedica una semana, reservando la cuarta para los preceptivos ejercicios espirituales.

Y, alternando con las charlas, generalmente a cargo de agustinos recoletos, se ofrecen también otras actividades de índole cultural. La primera estaba programada apenas comenzado el Curso, y era la visita a la iglesia recoleta de San Ildefonso (vía Sistina, 11), una de las casas más antiguas de la Orden. El guía seglar, que suscitó en los religiosos admiración y orgullo, fue Pablo González Tornel, profesor de Historia del Arte en la Universidad Jaime I de Castellón de la Plana (España) y estudioso de la arquitectura romana de influencia española.

Para el día siguiente, miércoles 24, estaba anunciada la visita de monseñor José Rodríguez Carballo, antiguo ministro general de los frailes menores y en la actualidad arzobispo secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica (CIVCSVA); visita a la que generosamente él se había prestado y que todos esperaban con alguna expectación.

Rodríguez Carballo se presentó acompañado por el prior general de los agustinos recoletos, Miguel Miró. Y, tras un café de acogida, en ambiente de fraternidad compartió la tarde con los cursillistas. Hubo una primera sesión de corte académico, en la que el Arzobispo Secretario comentó muy elogiosamente el Proyecto de Vida y Misión recién aprobado por la Orden. Y a continuación habló largamente sobre la realidad y los retos de la vida consagrada hoy. Más tarde respondió a las preguntas que surgieron, y presidió después la eucaristía. Finalmente, aceptó la invitación que se le hizo, compartiendo la cena con el grupo.

El Proyecto de Vida y Misión según Carballo

El Secretario de la Congregación vaticana no escatimó elogios al Proyecto de Vida y Misión de la Orden, que previamente le había sido facilitado. Uno a uno fue repasando los diez postulados que componen la Visión carismática de la Orden, y especialmente se detuvo en algunos de ellos. Por ejemplo, en el de la oración: “Es el momento, dijo, de tomar conciencia de que sin oración no vamos a ninguna parte. Aunque también tiene que haber una misión. Ustedes, como mendicantes que son, tienen el compromiso de ser contemplativos en la acción. La suya no es una contemplación sin apostolado, como tampoco deben aceptar misión alguna que no permita la contemplación. Ambas cosas se complementan”.

Pasó después a referirse al enunciado de la pobreza con que se define el agustino recoleto: “Somos pobres. Vivimos con austeridad, preocupándonos más por lo común que por lo propio”. También en ello fue tajante: “Esto es una urgencia para todos los consagrados”. E inmediatamente precisó: “La pobreza no es sólo cuestión de dinero. Es vivir sin nada propio; es el despojarse, el vaciarse, la kénosis”.

El tema de la pobreza lo relacionó con otro de los propósitos recoletos, el que declara: “Buscamos la verdad”. “Este es un aspecto fundamental de la pobreza ‑afirmó Carballo‑. El pobre es el que busca la verdad y la hace propia, venga de donde venga”. Y aún recalcó, mirando directamente a sus oyentes: “Este aspecto es muy vuestro, pues es un aspecto fundamental de la pobreza: el pobre es el que no se cree dueño de la verdad, sino que va en su busca; es un itinerante de la verdad, un mendicante de la verdad”.

Comentando la premisa “Nos sentimos Iglesia y estamos al servicio del Pueblo de Dios”, apostilló: ”Comunión, toda y siempre; pero sin renunciar a la profecía. Los religiosos tenemos que ser profetas. Al Papa le preguntaron los priores generales qué elemento es el distintivo de la vida consagrada. La respuesta que dio, la ha repetido después muchas veces. El distintivo del religioso no es tanto la radicalidad ‑como yo mismo, siendo maestro de novicios, prediqué tantas veces-, sino la profecía”. “Y la profecía ‑advirtió‑ molesta en la Iglesia; pero, si es auténtica, es profundamente evangélica”.

“Finalmente ‑concluyó‑, en su Proyecto de Vida y Misión dicen valorar la diversidad. Esto sí que es importantísimo para una Orden como la de ustedes, que quiere ser internacional”. Y cerró ya su intervención, explicando el sentido de la comunidad a la luz del misterio trinitario: “La unidad no es uniformidad. Yo creo que nosotros hablamos mucho de la Trinidad como modelo de comunión: uno y tres, tres y uno a la vez.. Pero muchas veces, después, eso lo olvidamos. Olvidamos el aspecto de la diversidad. Yo creo que esto hoy es urgentísimo en la vida consagrada.

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