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Una videollamada y una oración: «Este es nuestro trabajo»

Las monjas agustinas recoletas han estado acompañando virtualmente a las familias más necesitadas de Colombia durante las semanas más duras de la pandemia.

Diariamente, a una hora determinada, las agustinas recoletas contemplativas del convento Nuestra Señora de la Candelaria de Bogotá se reúnen para una de sus labores durante la crisis del COVID-19: hacer una videollamada con alguna persona que lo requiere. Escuchan a quien está al otro lado de la pantalla, le preguntan por su estado y rezan alguna oración juntos. Es un gesto sencillo pero muy reconfortante para quien está al otro lado del teléfono. Decidieron que era la única ayuda que podían prestar ante el coronavirus. «Muchas personas necesitan ser escuchadas», dice la hermana Huaraní C. Esparza. Desde que acordaron realizar esta acción, el teléfono comenzó a funcionar para atender a unas y otras personas.

El convento se encuentra en el límite que separa una de las zonas de estrato social alto de Bogotá con otra de las áreas más pobres. Desde que comenzó la pandemia, muchas personas necesitadas han tocado a su puerta. Pedían comida o ayuda laboral; todo era bien recibido. Muchas de estas personas son de origen venezolano. La hermana Hermila Sánchez recuerda con impacto que en un determinado momento dejaron de llamar a la puerta. «Se cansaron, solo gritaba ‘queremos comer'», relata. «Cuando abríamos la puerta y les escuchábamos, el corazón se nos hacía pedacitos», dice la hermana Huaraní.

En la desesperación más absoluta numerosas personas acudían a las monjas agustinas recoletas, aunque éstas no podían ayudarles materialmente. La comunidad no tiene ingresos, ya que su única finalidad es la oración contemplativa. Incluso la despensa de alimentos es donada por los religiosos agustinos recoletos. Apenas tienen cuatro ovejas que viven en el jardín de la casa, pero los animales son más de compañía que sustento. Solo se comieron una de las ovejas con motivo de alguna importante celebración.

‘Deja tu intención aquí’

Ante el incesante aumento de peticiones en la puerta, las agustinas recoletas comenzaron a cuestionarse qué podían hacer y cómo podían ayudar. Una primera ayuda vino en forma de cartel: para evitar contagios de coronavirus, decidieron no abrir la puerta a las personas que llamaban, aunque colocaron un aviso: ‘No podemos ayudarle con comida o dinero, pero sí podemos con nuestra oración’. Invitaban a dejar sus intenciones de oración bajo el cartel y las monjas las recogían para incluirlas en sus rezos.

Una hermana decidió ir más allá y propuso hablar a través de videollamada con todas las personas que habían solicitado alguna ayuda o que se encuentran en proceso vocacional. Desde entonces lo han hecho todas juntas o por separado. «No podemos dar nada, solo escuchar; no tenemos trabajo, este es nuestro trabajo: acompañar», dice la hermana Huaraní Esparza. Escuchan, atienden y rezan con toda la familia. Incluso han llamado varias veces a los religiosos agustinos recoletos. «Siempre están en sus apostolados con gente y de repente están solos», se compadece la contemplativa.

«Solo Dios permanece»

Los temas tratados son de lo más diverso, aunque normalmente acaban confluyendo en un mismo asunto: la fe. Todas las personas les han preguntado dónde está Dios en estos momentos tan difíciles. «Muchas personas se han dado cuenta de que solo Dios permanece», dice la hermana Hermila. Esta religiosa conoció a una señora que atesoraba muchos diplomas y también plata. «Después de toda su vida se cuestionaba: ¿A quién me aferro? Solo a Dios», explica.

Las hermanas le hablan a la gente de Dios, «porque parece que no está». A Huaraní le sorprendió el caso de una chica que se encuentra en proceso vocacional. Su padre solo podía salir dos veces en semanas y en casa solo comían una vez al día. «Estaban alegres porque comían en familia -afirma-. Cuentan cómo lo están pasando, pero en lo malo encuentra cercano el amor de Dios».

Como contemplativas no salen del convento salvo para lo necesario. No obstante, durante la pandemia que ha obligado a millones de personas a estar recluidas en sus casas, ellas han salido virtualmente para estar al lado de las personas que más sufren, que necesitan ser escuchadas, que esperan una oración… aunque sea a través de una pantalla.

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