Te contamos

«Sentí el afecto de Dios a través del personal médico»

COVID-19

Rhuam Ferreira, religioso agustino recoleto, ha sentido la presencia de Dios en los pequeños gestos durante su hospitalización por COVID-19 en Brasil. En sus ocho días ingresado vivió situaciones difíciles pero se sintió acompañado en todo momento.

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo». Así comienza el quinto capítulo de la carta de San Pablo a los Romanos. Las palabras del apóstol en esta carta han servido de ayuda y reflexión para el agustino recoleto Rhuam Ferreira durante sus días en el hospital. «Me ayudaron a superar las dificultades». El joven religioso ha sufrido y superado el COVID-19. La enfermedad le afectó especialmente y le obligó al ingreso hospitalario Belém do Pará (Brasil). Fueron días muy adversos que afrontó con mucha fe.

Los primeros días creía que se trataba de un simple resfriado. «Pensé que todo lo que veía en los medios era una exageración o que nunca me ocurriría a mí», indica. Aproximadamente 15 días antes de que le confirmaran que padecía coronavirus, comenzó a sentir síntomas que inicialmente fueron asociados con el sarampión: manchas en la piel, fiebre, pérdida de apetito y malestar general. Incluso tomó medicación para esta enfermedad. Si bien mejoró, los síntomas no se fueron. En menos de una semana su estado empeoró.

En realidad el COVID-19 no le afectó únicamente a él. Todos los miembros de su comunidad dieron positivo por COVID-19. Antes que él, dos hermanos fueron diagnosticados con la enfermedad: Luis Carlos Albim estuvo en una situación grave, ingresado en el hospital durante más de treinta días, y Pedro María Esparza falleció el 25 de abril. Horas más tarde de su muerte, Rhuam Ferreira ingresó en el Hospital Beneficência Portuguesa. Allí permaneció ocho días en cuidados intensivos para curar sus pulmones, que se habían visto especialmente afectados por el coronavirus.

«Las fuerzas vinieron de Dios y de las oraciones»

«En ningún momento tuve miedo de la muerte pero sí sentí inseguridad». En sus días en el hospital tuvo momentos muy difíciles. «Como toda enfermedad, me sentí impotente», dice.  Lo más complicado en su caso «era el aislamiento». Rhuam explica que, para religiosos que viven en comunidad, estar aislado de los otros es muy duro. Asimismo, en la comunidad vivieron momentos muy difíciles. En primer lugar la muerte de uno de sus hermanos y además el contagio de todos sus miembros, así como la complicada situación que vivió Luis Carlos Albim.

No obstante, tanto él como sus hermanos notaron la cercanía de Dios. «Durante los ochos días que estuve en el hospital sentí que el Señor me acompañaba», explica. En todos los detalles simples del tratamiento, en el cuidado del personal médico y en los mensajes de ánimo estaba la fuerza que siempre anima y repara. «Sentí el afecto de Dios a través del equipo médico», manifiesta. En los momentos más complicados, «las fuerzas vinieron de Dios y de las oraciones, tanto personales como de mis seres queridos». En ningún momento descuidó su vida de oración: rezaba diariamente el rosario y acompañaba a los hermanos en la eucaristía a través de las redes sociales.

«Profeta de esperanza» en la enfermedad

En este sentido, Rhuam saca una conclusión importante: «El hecho de sentirnos amados despierta nuestra esperanza de luchar». Y es que, como indica, «la fe alimenta la esperanza y viceversa». En una situación tan delicada, donde reina la incertidumbre, nunca se sintió abandonado. «No podemos caminar sin fe en Dios y sin esperanza de días mejores». Este religioso, que trabaja en la pastoral vocacional en Brasil, ha querido ser durante este tiempo un «profeta de la esperanza». Sintió además la preocupación de familiares y religiosos, que rezaban por toda la comunidad. «Sentí en estos detalles el afecto hacia nosotros», dice.

Precisamente esa es una de las principales enseñanzas que ha aprendido tras superar la enfermedad. «El coronavirus me enseñó, en la práctica, el valor de los pequeños gestos», explica. Ha podido comprobar que la vida está hecha de detalles que, unidos, forman un conjunto enorme. «Aprendí la necesidad de compartir el dolor con la gente que amamos», aunque fuera con un simple mensaje de texto.

Solo tres realidades son importantes para Rhuam Ferreira después de este trance: «Dios, la familia y la vida». En los detalles de la vida cotidiana está la esencia de la vida. «Cuando nos vayamos, todo quedará atrás y nos llevaremos solo las hermosas experiencias que hemos vivido». Fue dado de alta y ya se reincorporó a su trabajo habitual.

X