Una palabra amiga

La sinodalidad, camino de escucha

El autor reflexiona sobre la sinodalidad y cómo está trabajando el Sínodo la Prelatura de Chota, encargada a los Agustinos Recoletos.

El día 26 de noviembre en la noche el vicario general con el presbiterio y los laicos convocados para la Asamblea Diocesana anual celebró la misa de apertura del proceso de la Sinodalidad en la prelatura de Chota, como preparación al Sínodo 2021 al 2023 con el lema: “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. Pero podemos preguntarnos en concreto qué nos está diciendo está palabra que es relativamente nueva, no así la de los sínodos que son muy antiguos en la Iglesia. Santo Toribio de Mogrovejo convocó varios Sínodos en Lima.

El Papa Francisco nos invita a llegar a las periferias existenciales, pero ¿cómo llegar hasta ellas? Sólo si ponemos a trabajar a todos en la Iglesia. Hay que tratar de involucrar a todos sin excluir a nadie. “Que todos sean uno como tu Padre estás en Mi, y Yo en Ti. Que sean también uno en nosotros: así el mundo creerá que me has enviado” (Jn 17,21). Esto significa que tenemos que vivir la unidad en la Iglesia.

La sinodalidad parte de la escucha, pasa luego al diálogo y de ahí al discernimiento. Todos somos discípulos y misioneros en salida, según la orden de Mt 28,19: “Por eso, vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos,…

¿Cómo ser sus discípulos? Desde el testimonio, el encuentro con los demás y la salida para escuchar al hermano y al Espíritu Santo. La sinodalidad es caminar juntos como pueblo de Dios y ayudándonos, sin caer en el clericalismo. Hacer juntos el discernimiento para reflexionar sobre los temas fundamentales que nos tocan en nuestra realidad sea de la prelatura o de nuestra Orden. Se trata de poner a más gente en acción, involucrando a todos sin excluir a nadie.

Por eso, señalamos dos gestos muy claros que van en este sentido de la sinodalidad. El primero, vemos como la comisión pre-capitular mediante el boletín “Caminamos juntos” nos hace reflexionar en temas comunes a toda la Orden. Luego nos invita a intervenir mediante las preguntas que suscitan el diálogo y así hacemos llegar nuestras sugerencias a dicha comisión. El segundo se manifiesta cuando en la reunión del presbiterio de la prelatura se tomó la iniciativa de que el domingo 12 de diciembre, XVI aniversario de la ordenación episcopal de Monseñor Fortunato, se haga una colecta en todas las parroquias de la prelatura para ayudar en los gastos de las operaciones y recuperación de nuestro Pastor. Gestos así, sencillos, son los que denotan que estamos en el camino de la sinodalidad, que es vivir la unidad de la Iglesia.

La sinodalidad ha de llevarnos también a tener una nueva experiencia con Jesucristo, pues no se es cristiano por un decisión ética o una gran idea, sino como nos dijo Benedicto XVI, “por una experiencia personal de encuentro con Él”. El objetivo de este Proceso Sinodal es un camino de crecimiento auténtico hacia la comunión y la misión que Dios llama a la Iglesia a vivir en el tercer milenio.

Según lo que venimos diciendo este proceso sinodal va muy de acuerdo tanto con el lema que hemos tenido este año en la Orden: “Dialogo, búsqueda y encuentro” que nos lleva a escuchar a los demás, y también a tomar la palabra para discernir y llegar a acuerdos comunes, como también con el Plan diocesano de Espiritualidad y Renovación Pastoral que llevamos en la prelatura desde 1995. En realidad, muchas de estas cosas ya las veníamos practicando mediante la zonificación y sectorización de la parroquia, tratando de involucrar y llegar a todos. Sólo que ahora se nos insiste con más fuerza en este aspecto de la horizontalidad y participación laical.

Precisamente entre los 12 Desafíos Pastorales de la primera Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe tenida hace poco en México se recogen estos dos: Impulsar la participación activa de las mujeres en los ministerios, la instancias de gobierno, de discernimiento y decisión eclesial. El otro es: Incrementar la formación en la sinodalidad para erradicar el clericalismo.

El logotipo del Sínodo 2021-2023 Por una Iglesia Sinodal. Comunión, Participación y Misión, viene acompañado del dibujo en el que la Santísima Trinidad cubre y protege al pueblo de Dios que va caminando con el obispo en medio de su pueblo y llevando a niños, jóvenes, ancianos, hombres impedidos físicamente y que caminan juntos hacia la meta. Esto nos explica que todos somos corresponsables en la misión y que hemos de invitar tanto a las personas alejadas como a personas preparadas y capacitadas para aportar en los cuados o grupos parroquiales, si queremos llegar a más gente, y no quedarnos sólo con las ovejas que ya están dentro del rebaño.

No nos quede duda que todos estamos llamados a vivir la sinodalidad así en el próximo capítulo general de la Orden como en la parroquia, en la diócesis, en la Iglesia nacional y en la Iglesia católica especialmente durante los dos próximos años previos al Sínodo.

Ángel Herrán OAR

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