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Ayuno, abstinencia y otros nutrientes penitenciales

La Iglesia propone para la Cuaresma tres ingredientes: la oración, el ayuno y la abstinencia. ¿Qué nos dice San Agustín sobre esto? Nos lo explica fray Lucilo Echazarreta.

Cada año la Iglesia nos brinda el santo tiempo de cuaresma con la insistente invitación a la conversión, es decir, a recobrar el camino perdido, que no es otro que Jesucristo, para llegar a través de su pasión y muerte a la resurrección. Los puntos de avituallamiento en este camino  suelen titularse como “penitencia”, conversión”, “anonadamiento”…

El Catecismo nos indica que la penitencia puede tener muchas expresiones, pero que hay tres especialmente selladas en la tradición: el ayuno, la oración y la limosna. Estas y otras formas penitenciales, nos sigue recordando este vademécum viajero, pueden ser practicadas de manera especial en el tiempo de Cuaresma y en los viernes penitenciales.

¿No está pasado de moda el ayuno? ¿A qué suena hoy la palabra “mortificación”? ¿Para qué sirve la ascesis? El papa nos recuerda en el mensaje para la cuaresma del 2023 que “la ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz”. El papa Francisco presenta el icono de la Transfiguración como inspiración para vivir esta semana santa. ¿Y qué demanda el monte Tabor? Nos anima a “dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándose de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña”.

En esta propuesta de escalada hacia cimas altas es donde vemos que entran en juego el ayuno, la abstinencia y la penitencia como nutrientes energéticos para el peregrinaje, y además, como eliminación de lastre para andar ligeros de equipaje.

Los tres componentes vitamínicos del caminante hacia la conversión están íntimamente conectados, cual medicinas complementarias: el ayuno favorece la oración; la oración va dirigida a la caridad; la caridad es siempre el objetivo más alto. San Agustín relaciona estos tres pasos con gran coherencia cuando escribe: “… para que no os engañe Satanás, os exhorto, amadísimos, en nombre de Cristo a que hagáis propicio a Dios con ayunos diarios, con limosnas más generosas y  oraciones más fervientes” (sermón 210, 9).

Veamos ahora estos tres nutrientes vitales-penitenciales con el prospecto que el propio San Agustín les adjunta:

Cuando hagas ayuno…

Ayunar de divisiones: “Ante todo, hermanos, ayunad de porfías y discordias” (Sermón 205,3).

Ayuno para servir en caridad. La privación de alimentos y de ciertos gastos superfluos, debe tener no una finalidad terapéutica, sino que debe dirigirse a la caridad para con el necesitado. Dar al pobre de lo que uno se ha privado, alimentarlo con lo que tú te has quitado de la boca: “Considerad a quiénes debéis aquello de lo que os estáis privando para que no solo haya templanza y privación, sino misericordia y caridad” (Sermón 208,2).

La penitencia es un don de Dios. “Tierra dura es el corazón de un soberbio; no se ablanda para la penitencia si no llueve la gracia de Dios” (Sermón 229 ,1).

Penitencia camino de caridad: “La penitencia por sus pecados hace mejor al hombre, pero ni siquiera ella servirá para nada si es estéril en cuanto a obras de misericordia” (Sermón 389, 6).

La penitencia engendra tristeza y ésta justicia: “La verdadera tristeza por el pecado, engendra justicia. Ante todo, desagrádate en lo que eres para poder ser lo que no eres” (Sermón 254,2).

Cuando vayas a orar…

Ahora lloramos para llegar al gozo: “Gimamos ahora, roguemos ahora; el gemido es propio de los infelices; la súplica, de los indigentes. Pasará la súplica, seguirá la alabanza; pasará el llanto, seguirá el gozo” (Comentario a los Salmos 26,2,14).

Orar en espíritu y verdad es estar unidos a Cristo: “La oración que no se hace a través de Cristo, no solo no puede borrar el pecado, sino que ella misma es pecado” (Comentario a los Salmos 108,9).

Dos alas de la oración: “Estas son las dos alas  de la oración con las que se vuela hacia Dios: perdonar al culpable su delito y dar al necesitado” (Sermón 205,3).

Cuando des limosna…

Dar la limosna mejor: “La mejor limosna es aquella por la que perdonamos de corazón  al que nos ofendió” (Enquiridium 73, 19).

No desprecies al pobre: “Si desprecias al pobre que necesita de ti, ¿no te despreciará Dios a ti, que necesitas de Él? Por tanto, remedia tú la indigencia del pobre, para que Dios colme tu interior” (Comentario a los Salmos 37,24)

Cada uno dé lo que tiene: “Cada uno dé al otro lo que tiene; otorgue al necesitado lo que tiene de más. Uno tiene dinero: alimente al pobre, vista al desnudo, levante la iglesia, obre con su dinero todo el bien que pueda. Otro posee don de consejo: dirija al prójimo; arroje las tinieblas de la duda con la luz de la piedad.  Un tercero tiene ciencia: dé de la despensa del Señor, sirva el alimento a sus consiervos, conforte a los fieles, llame a los que se equivocan, busque a los perdidos, haga lo que pueda” (Sermón 91,9).

Puede parecer una oferta contracultural, pero en sabia sencillez la Iglesia propone -también en este año 2023-, el ayuno, la oración y  la caridad como nutrientes vitales para un camino cuaresmal que pueda ser una verdadera excursión por la montaña del Tabor.

Fray Lucilo Echazarreta OAR

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