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Este cierre no es un final

El Monasterio de la Encarnación de León cierra sus puertas tras 361 años de vida contemplativa. En el día de la Encarnación del Señor, la comunidad de Agustinas Recoletas en León celebra una emotiva Eucaristía de clausura presidida por Mons. Luis Ángel de las Heras, tras más de tres siglos de historia vivida en oración, entrega y santidad.

El pasado 25 de marzo, Solemnidad de la Encarnación del Señor, el Monasterio de la Encarnación de las Agustinas Recoletas en León ha vivido un día profundamente significativo. Bajo un cielo soleado, y con el corazón lleno de memoria y gratitud, la comunidad ha celebrado la Eucaristía de clausura de este monasterio fundado el 13 de diciembre de 1663, hace ya 361 años.

La presidenta de la Federación de Agustinas Recoletas de España, Madre Amparo Costilla, compartía que «la fecha elegida no podía ser más simbólica. En el día en que la Iglesia conmemora el sí de María y el misterio de la Encarnación, las hermanas del monasterio también han dicho su propio “sí” a la voluntad de Dios, cerrando una etapa para abrir otra, en fidelidad al carisma agustino recoleto que continúa vivo en cada una de ellas.»

“no son las paredes las que hacen historia, ni los cuadros, ni las imágenes… sino las hermanas que han pasado por estos claustros y han dejado huellas de santidad”.

Presidió la Eucaristía Mons. Luis Ángel de las Heras, CMF, Obispo de León, quien acompañó a la comunidad en este momento de gracia, no exento de emoción. “No son las paredes las que hacen historia, ni los cuadros, ni las imágenes… sino las hermanas que han pasado por estos claustros y han dejado huellas de santidad”, expresaba la Madre Amparo.

La presidenta federal también recordó con especial cariño a algunas de las religiosas que marcaron la vida del monasterio: hermana Visitación, con su alegría contagiosa; hermana María Luisa, testimonio vivo de fidelidad a la Regla; hermana Emma, con su caridad exquisita; hermana Inmaculada, servicial en los detalles pequeños; madre Caridad, humilde y discreta; hermana Josefa, incansable en el taller. Son solo algunas entre muchas, todas ellas testigos de una vida entregada.

«Este cierre no es un final, sino una transformación en la continuidad del carisma. Las hermanas seguirán respondiendo a la llamada del Señor en otros monasterios de la Orden, con el mismo espíritu contemplativo y misionero que ha caracterizado su presencia en León durante siglos.»

La Madre Amparo concluía: «Desde la Familia agustino recoleta, agradecemos profundamente la vida, la oración y la entrega de estas hermanas. Hoy su historia se une más que nunca al misterio de la Encarnación: Dios sigue habitando entre nosotros a través de sus testigos sencillos y fieles. Gracias, hermanas, por vuestra fidelidad y valentía.»

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