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Bogotá acoge el Encuentro de Formación Permanente para frailes agustinos recoletos

La capital colombiana es sede del Encuentro de Formación Permanente que reúne a más de veinte religiosos agustinos recoletos de tres provincias. Bajo el lema “Haz que me acuerde de ti”, el evento, que se vivirá del 10 de agosto hasta el 1 de septiembre, combina oración, estudio, vida comunitaria y talleres formativos para fortalecer el carisma y el crecimiento personal.

Un espacio para renovar la vocación

La Curia de la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria, en Bogotá, se ha convertido en el punto de encuentro para religiosos de entre cuarenta y cincuenta y cinco años que viven esta etapa de formación específica dentro de la Orden de Agustinos Recoletos.

Más de veinte frailes de distintas demarcaciones geográficas y tres provincias participan en este programa, que busca afianzar la identidad carismática, fomentar el desarrollo personal y ofrecer herramientas teológicas y humanas para la vida y misión.

Formación integral con un método vivencial

El programa combina conferencias expositivas con espacios de diálogo y talleres prácticos, con el objetivo de que los contenidos no solo se comprendan, sino que se vivan. Las sesiones son impartidas por los agustinos recoletos Sergio Sánchez, Javier Monroy y Germán Rodríguez, junto al orientador espiritual y el P. José Víctor Orón.

Cada jornada se estructura en tres sesiones: dos en la mañana y una por la tarde. El resto del día está marcado por tiempos de oración, reflexión y convivencia fraterna, favoreciendo un clima propicio para la interiorización de lo aprendido.

Bogotá, un marco ideal para el encuentro

El equipo organizador ha dispuesto todos los medios para que el evento se desarrolle en un ambiente de serenidad y concentración. La logística cuidada y el entorno fraterno favorecen que los participantes puedan dedicarse plenamente a su formación, compartiendo vida comunitaria y experiencias de fe.

El lema “Haz que me acuerde de ti” acompaña el itinerario formativo como un recordatorio constante de la dimensión espiritual que sustenta cada actividad.