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San Ezequiel Moreno: modelo de entrega y faro de la espiritualidad recoleta

En un momento decisivo para la historia de la Orden, san Ezequiel Moreno se erige como un ejemplo luminoso de entrega total, celo pastoral y fidelidad al carisma agustino recoleto. Este artículo, basado en San Ezequiel Moreno, fraile agustino recoleto de fray Ángel Martínez Cuesta, recoge sus palabras y gestos más significativos para nuestra espiritualidad.

El contexto histórico de la Orden

La vida y misión de san Ezequiel Moreno (1848-1906) transcurrieron en un tiempo convulso para la Orden de Agustinos Recoletos, marcada por la reducción de comunidades y la compleja situación política y social en Filipinas, España y Colombia. En medio de estas dificultades, Ezequiel asumió con alegría las tareas más arduas:

“Siendo joven vine a las misiones, y desde entonces he procurado hacer siempre lo que me mandaban mis superiores”.

Su vida fue, ante todo, una respuesta generosa a las necesidades de la Iglesia y de la Orden, con una docilidad que convirtió las dificultades en ocasión de santidad.

San Ezequiel, modelo de la espiritualidad recoleta

Para la familia agustino recoleta, san Ezequiel es una síntesis viva de nuestro carisma. Hombre de profunda vida interior, supo unir el amor a la soledad contemplativa con un celo ardiente por las almas.La vida del misionero ha de ser una vida escondida con Cristo en Dios, y al mismo tiempo entregada a todos para su salvación”, afirmaba.

En él encontramos esa tensión fecunda entre recogimiento y misión, entre el silencio de la oración y la palabra encendida del pastor.

Un corazón sensible y fraterno

San Ezequiel irradiaba un amor concreto y cercano hacia las personas. No veía números, sino rostros. Aseguraba: “No me basta con decir que los amo: quiero demostrarlo con obras”. Este espíritu fraterno se traducía en gestos pequeños y en una cercanía que hacía que los fieles lo sintieran como un verdadero padre.

En la vida comunitaria, vivía la humildad y la caridad como fundamentos, convencido de que la unidad era fuerza para la misión.

Oración y apostolado inseparables

Su vida estaba cimentada en la oración constante. En sus cartas exhortaba: “Orar mucho y orar bien… de ahí vendrá la fuerza para todo”. No concebía el apostolado como mera actividad: para él, sin la raíz de la oración, el trabajo pastoral se volvía estéril.

Incluso en su enfermedad, cuando el cáncer lo debilitaba profundamente, mantenía encendida la llama de la oración:

“Acepto de buen grado todo lo que Dios disponga… Él sabe lo que más conviene”.

Legado para hoy

Celebrar a san Ezequiel Moreno no es solo mirar al pasado, sino acoger su testimonio como una brújula para el presente. Su vida recuerda a los Agustinos Recoletos que la fidelidad al carisma se expresa en el servicio generoso, en la oración perseverante y en el amor concreto a las personas.

En este día, sus palabras resuenan con fuerza: “Lo que importa es que en todo se haga la voluntad de Dios y que se salven las almas”. Ese sigue siendo nuestro llamado.

Puedes dejar tus intenciones a san Ezequiel Moreno aquí

San Ezequiel Moreno fue, y sigue siendo, un regalo de Dios para la Orden. En un tiempo de desafíos, encarnó la radicalidad evangélica y el espíritu agustino recoleto con sencillez y firmeza. Su ejemplo nos invita a vivir nuestra vocación con la misma pasión, convencidos de que la santidad se construye en la fidelidad cotidiana.