El día que cumple 49 años como agustino recoleto, Mons. Jesús María López Mauleón, obispo de la Prelatura de Alto Xingu-Tucumã (Brasil), compartió con emoción su experiencia en el encuentro de la CEAMA celebrado en Bogotá del 17 al 20 de agosto. Allí, junto a más de 90 obispos de la región, vivió días de escucha, oración y comunión, recordando que la misión es el corazón de la Iglesia. Sus palabras, cargadas de esperanza, resuenan especialmente en la semana en la que la familia agustino recoleta se prepara para celebrar a San Agustín.
Una experiencia única en clave de comunión
Mons. López Mauleón fue el único obispo agustino recoleto presente en el encuentro de la CEAMA en Bogotá. Allí se reunió con 92
obispos de toda la región amazónica, entre ellos cuatro cardenales. “Para mí fue una experiencia única —explicó—. Imagínate encontrarme con 90 obispos de tantas naciones distintas, todos buscando una única finalidad: la comunión y la sinodalidad entre nosotros”.
En la misa de clausura, relató, se vivió un gesto especialmente simbólico: el cardenal de Bogotá entregó el báculo que había usado san Pablo VI durante su visita a la ciudad en 1968, cuando pronunció aquella frase ya histórica: “Cristo apunta hacia la Amazonía”. Mons. Mauleón recordó este detalle con emoción, convencido de que “ese llamado sigue vivo y nos invita a poner a Cristo en el centro de esta tierra inmensa y herida”.
La espiritualidad agustiniana en la Amazonía
La riqueza del encuentro, según el obispo recoleto, se expresó en la forma de vivirlo: mucho tiempo de oración, escucha del Espíritu y diálogo comunitario.
“Fue comunión de verdad. Todos nos escuchábamos, compartíamos experiencias, buscábamos juntos. Y esa es la esencia del carisma agustiniano: tenerlo todo en común, vivir en fraternidad, escuchar al otro y compartir los dones que Dios nos da”.
En sus palabras se percibe la convicción de que el aporte de los Agustinos Recoletos en la Amazonía no es solo pastoral, sino espiritual: mostrar que la unidad no es uniformidad, sino un don del Espíritu que enriquece a todos. “Esta comunidad que hemos experimentado resuena profundamente con lo agustiniano —afirmó—. Es lo que vivía la Iglesia primitiva y lo que San Agustín soñaba para sus comunidades”.
El mensaje del Papa León XIV: tres prioridades
En su intervención, el Papa León XIV dirigió a los obispos amazónicos tres prioridades fundamentales: anunciar el Evangelio, defender con justicia a los pueblos originarios y cuidar la casa común. Mons. Mauleón subrayó con fuerza la primera:
“El anuncio del Evangelio es lo más importante. No podemos quedarnos solo en defender derechos, aunque sea fundamental hacerlo. El pan que tenemos que dar es el pan fresco y limpio del Evangelio y de la Eucaristía, sin añadidos, sin aditamentos que no van a lo esencial”.
Para el obispo, estas palabras del Papa son un recordatorio de que el compromiso social y ecológico debe nacer siempre de la fe en Cristo y del anuncio explícito de su Buena Nueva. “Si no anunciamos a Jesús, si no centramos nuestra vida en Él, la Iglesia pierde su esencia”, afirmó.
Retos y desafíos de la misión
En la Amazonía, la misión se enfrenta a grandes retos: distancias inmensas, falta de recursos y diversidad de culturas. Mons. Mauleón lo explicó con claridad:
“Lo que en otros lugares de la Iglesia se hace en cinco años, aquí necesitas diez para conseguirlo. No tenemos suficientes misioneros, y muchas veces nos enfrentamos a fuerzas políticas y multinacionales que condicionan la vida de los pueblos indígenas”.
Sin embargo, ve en ello también una oportunidad para vivir el Evangelio de manera radical: “Necesitamos padres, religiosos y laicos con claridad de lo que es el centro del Evangelio, dispuestos a vivir en sencillez y cercanía, acompañando a las pequeñas comunidades y siendo signos de esperanza”.
Un aporte a la Iglesia Universal
La experiencia de la CEAMA, además, no se queda solo en la Amazonía. Mons. Mauleón reveló que un par de Obispos del Mediterráneo participaron como observadores, con la intención de replicar este modelo en sus territorios:
“Querían aprender lo que estamos haciendo aquí. La Amazonía puede convertirse en signo y anticipo de lo que la Iglesia puede vivir en otras partes del mundo: comunión, sinodalidad y misión compartida entre todos los bautizados”.
Este eco global es, para él, una muestra de que lo que se vive en la Amazonía interesa a toda la Iglesia y que los Agustinos Recoletos pueden aportar mucho con su experiencia de vida comunitaria, misión y fraternidad.
¿Qué es la CEAMA?
La Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA) es un organismo colegial de la Iglesia católica creado en junio de 2020, fruto directo del Sínodo para la Amazonía convocado por el Papa Francisco en 2019. Su finalidad es articular la acción pastoral en toda la región amazónica, abarcando a nueve países: Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa.
A diferencia de otras conferencias episcopales, la CEAMA tiene una estructura novedosa, porque no solo participan obispos, sino también laicos, religiosas, religiosos y representantes de los pueblos indígenas, en sintonía con el espíritu sinodal promovido por el Papa Francisco.
Su misión es clara: promover una Iglesia con rostro amazónico, comprometida con la defensa de la vida, los pueblos y la creación. Esto implica trabajar en temas como la evangelización, la formación de ministerios, la defensa de los derechos humanos y ambientales, y el cuidado de la Casa Común.
En la semana de San Agustín: misión como centro
En estos días en los que la familia agustino recoleta se prepara para celebrar a San Agustín, las palabras de Mons. Mauleón se enlazan con el mensaje que el Prior General dirigió a toda la Orden: volver a la misión como centro de nuestra vida.
“Hoy, al cumplir 49 años como agustino recoleto, sigo convencido de que Dios nos llama a anunciar a Cristo allí donde no se le conoce. Ese es nuestro carisma, nuestra esencia y nuestra alegría”, concluyó el obispo.
Con la fuerza de su testimonio, recordamos que el legado agustiniano no es solo una herencia espiritual, sino un llamado vivo a estar presentes en los lugares donde más se necesita. Como san Pablo VI señaló proféticamente, Cristo apunta hacia la Amazonía… y con él también apunta hacia todos los rincones donde la Iglesia, en comunión, está llamada a anunciar el Evangelio.

