Judith Arroyo, técnica de proyectos de ARCORES España, recorre varias ciudades peruanas para fortalecer el trabajo en red y visitar proyectos de transformación social liderados por la familia agustino recoleta.
Visitar, conocer y escuchar: un viaje al corazón de la misión
Judith Arroyo, técnica de proyectos de ARCORES España, ha vivido una experiencia que trasciende el seguimiento técnico de proyectos. Su viaje a Perú tuvo dos grandes objetivos: visitar las iniciativas ya ejecutadas y en marcha, como los sistemas de agua en Chota o las cocinas mejoradas —más de 10.000 construidas—, y extender la presencia de ARCORES a otras ciudades con huella agustino recoleta: Cajamarca, Cochabamba, Chiclayo y Lima.
“El compromiso de las comunidades campesinas es admirable”, afirma Judith, al destacar la implicación de los beneficiarios en la construcción de los proyectos. “Aportan mano de obra, materiales, y tienen un fuerte sentido de responsabilidad”, explica.
Una presencia que se expande con raíces profundas
La familia agustino recoleta lleva décadas sembrando vida en Perú: los frailes llegaron en 1945, las misioneras agustinas recoletas en 1948 y, más recientemente, en 2008, las agustinas recoletas del Corazón de Jesús. Esta presencia ha generado una red viva de fraternidades seglares, Juventudes Agustinas Recoletas (JAR) y grupos de Madres Mónicas, todos comprometidos con la transformación de su entorno.
“El trabajo de ARCORES se ve enriquecido por esta red viva y comprometida, que va mucho más allá de lo institucional”, afirma Judith. Desde voluntarios en los colegios Santa Rita de Casia y San Martín de Porres en Lima hasta comunidades enteras que “aportan desde sus propios recursos, su tiempo y su oración”.
Del ordenador al encuentro: el rostro humano del proyecto
Judith trabaja desde hace seis años en la sede de ARCORES Internacional en España. Aunque mantiene contacto diario con el equipo de Perú, su viaje le permitió convertir esa relación digital en un encuentro humano:
“Pude poner rostro a las personas con las que hablo cada día, conocer a los misioneros, misioneras, beneficiarios y comunidades. Fue un verdadero encuentro de hermanos”.
Su testimonio destaca la importancia de ir más allá del papel y de los informes técnicos. “Los proyectos no deben quedarse en un archivo Word. Lo importante es el vínculo humano que se teje, la red fraterna que une corazones y da sentido a todo lo que hacemos”.
Un camino con retos y esperanza
Judith reconoce con entusiasmo el potencial que encontró en Perú: “He visto voluntad, inquietud, ganas de trabajar unidos”. También subraya que el reto está en no detenerse en las ideas, sino impulsar los proyectos desde la gran riqueza de recursos humanos ya existentes.
Con esperanza y alegría, concluye:
“Deseo seguir visitando otras sedes de ARCORES, seguir conociendo, tejiendo esta red fraterna y regresando a la misión, porque ahí está el corazón de nuestro trabajo: en las personas”.


