Descanso, formación y peregrinación marcaron los días del 12 al 18 de octubre en Ariccia, en un encuentro que sigue iluminando el presente de la Orden con la fidelidad del pasado.
Un domingo para respirar comunidad
La segunda semana del curso de formación permanente para religiosos con más de 50 años de profesión simple comenzó con un domingo de descanso, oración y fraternidad. La Eucaristía dominical fue presidida por fray Mario Aparecido, quien predicó sobre el buen samaritano y recordó que “prójimo es todo aquel que necesita de mi amor y misericordia, sea de la nación que sea”.
Durante la mañana, los frailes presentaron sus países de origen. Fray Sergio Sánchez habló de México y su rica historia misionera, mientras fray Michael Lee Stechmann presentó la realidad de los Estados Unidos. No faltaron los dulces y licores típicos como signo de hospitalidad y cariño.
Envejecer con plenitud: taller sobre fraternidad y cuidado integral
Del 13 al 17 de octubre se desarrolló el taller “Fraternidad y cuidado integral. Cultivando la vida religiosa en la madurez”, facilitado por Miguel Ángel Millán Asín. A lo largo de los días, los participantes reflexionaron sobre el envejecimiento saludable, la salud física, cognitiva, emocional y relacional, así como el arte de morir bien.
“Envejecer es una dinámica de ganancias y pérdidas”, afirmaba el ponente, “pero también una oportunidad para vivir con sabiduría, entusiasmo y alegría”. Se insistió en la importancia de cultivar la motivación interior, tener proyectos concretos, adaptarse a los cambios y cuidar especialmente la mente y las relaciones.
Con profundidad y sencillez, Millán abordó también temas delicados como la fragilidad, la dependencia, el testamento vital y la vivencia de la enfermedad desde una perspectiva evangélica: “la enfermedad puede ser aliada si nos ayuda a reordenar nuestra vida”.
Visitas del Prior General y del Espíritu
Uno de los momentos más significativos de la semana fue la visita del Prior General, fray Miguel Ángel Hernández, el 15 de octubre. Presidió la Eucaristía en la memoria de Santa Teresa de Jesús y dijo a los religiosos:
“Su perseverancia es testimonio de que Dios es fiel, incluso cuando nosotros no lo somos del todo. Al mirar para atrás reconocerán que todo ha sido gracia”.
Durante la cena, el Prior General respondió con transparencia y cercanía a diversas preguntas sobre la vida de la Orden, el presente de la Provincia San Ezequiel, la pastoral vocacional y los retos actuales de la vida religiosa.
Salud relacional, ternura y sabiduría compartida
El miércoles 16 fue dedicado a la salud relacional y a la vivencia de las limitaciones. “Las relaciones pueden convertirse en medicina o veneno”, se afirmó, y se ofrecieron herramientas para mejorar la empatía, el perdón y la capacidad de acompañamiento mutuo. En la tarde, el grupo peregrinó a las basílicas de Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros, donde rezaron con devoción la Salve.
“Ars moriendi”: el arte de morir como acto de amor
El jueves 17 se abordó el tema de la muerte digna, bajo la perspectiva espiritual del “ars moriendi”. “Morir bien es un acto de amor y de testimonio”, decía el facilitador, subrayando la importancia del testamento vital y de vivir la enfermedad como camino de gracia. La jornada concluyó con una calurosa despedida a Miguel Ángel Millán, agradeciendo su profesionalidad, su cercanía y su profunda humanidad.
Un cierre con perfume de santidad: peregrinación a Casia
El viernes 18 los religiosos peregrinaron a Casia, tierra de Santa Rita. Allí celebraron la Eucaristía en la cripta, presidida por fray Michael Stechmann, quien animó a imitar la oración, caridad y perdón de la santa de los imposibles. Posteriormente visitaron Roccaporena, su pueblo natal, compartiendo una jornada de convivencia alegre, animada con cantos, buena comida y fraternidad.
Una semana para el alma… y para el futuro
El encuentro no solo ha sido un espacio de formación y descanso, sino una profunda experiencia de vida comunitaria y de redescubrimiento del valor profético de la ancianidad. “¿Cómo transmitir lo vivido a nuestros hermanos?”, se preguntaban muchos al final. Quizá la respuesta esté en lo que el Prior General expresó con estas palabras:
“Gracias por seguir. Gracias por ser faros. Gracias por recordarnos que la fidelidad es posible”.


