Te contamos

Luchar contra el hambre en Venezuela con una sonrisa

Annier Portillo decidió no quedarse de brazos cruzados ante la crisis que vive Venezuela e hizo todo lo posible para combatir la desnutrición en niños y ancianos.

El 2017 fue duro para los venezolanos. La grave crisis que atravesaba Venezuela (y que hoy día se ha agudizado) provocó grandes colas para comprar alimentos básicos o medicamentos. Muchas personas se vieron forzadas a emigrar. Las que se quedaron se enfrentaban, entre las múltiples consecuencias de la situación, a la desnutrición. Annie Portillo es madre y sufría viendo a niños y ancianos pasar hambre, el sector de la población más vulnerable. Fue entonces cuando decidió movilizarse y, con el apoyo de los Agustinos Recoletos, dar de comer de alguna forma a las personas de su entorno que no tenían alimentos para llevarse a la boca.

Junto a varios fieles que, como ella, acudían frecuentemente a la parroquia San Pío X de los Agustinos Recoletos, Annier comenzó una olla solidaria que daba de comer en sus inicio a 60 personas, niños y ancianos especialmente. «Ahora asistimos a más de 350 hermanos que se benefician de esta olla», cuenta en un reportaje en Aleteia.org. No contaban con ayuda económica ni material. «Nos dedicamos en las misas a pedir la colaboración de cada uno de los feligreses para que aportaran verduras, arroz, proteínas y otros ingredientes», dice.

Con todo lo que les llegan hace la sopa, el alimento que ofrecen. Hasta ellos acuden personas desde otras zonas de Caracas, como Caricuao, Petare, Antímano y Chacao. A todas ofrecen un plato de comida. Annier solo está descontenta por una cosa: solo pueden ofrecer comidas dos días a la semanas, martes y viernes. Aunque quiere ampliar la frecuencia de su ayuda, siempre muestra una sonrisa, que denota sus ganas de querer ayudar. «En mi mente y seguro que en las de mis hermanos, queda la satisfacción de que cada uno de estos hombres, mujeres y niños en situación vulnerable ese día van a poder llevar algo de comida a su casa y no dormirán con el estómago vacío», indica.

Alimento material y espiritual

«Pero no solo es una taza de sopa», advierte. Además ofrecen medicamentos, ropa y lo más importante: «La palabra de Dios, el alimento espiritual, mientras reciben sus beneficios materiales». Esta labor, como todas las que realiza la familia agustina recoleta en el país, cuenta con el soporte de ARCORES Venezuela. Annier Portillo se siente feliz y orgullosa de la «gran familia» que se ha formado «para ayudar a quien más lo necesita».

COVID-19 ha recrudecido la situación en Venezuela, ya de por sí difícil. Más familias pasan hambre, más personas se han visto afectadas e incluso han fallecido por la pandemia. Pero la solidaridad siempre vence: «La comunidad ha seguido aportando su mano amiga y los alimentos que se necesitan para la elaboración de la comida».

Detrás de todo ello no hay un interés personal sino el deseo de ayudar a aquellas personas que, como Jesús, sufren en el día a día. «Puedo ver el rostro sufriente de Cristo en cada uno de mis hermanos necesitados», dice. Por eso le llaman «hermana». Annier lo explica: «Todos somos hermanos por Cristo. Así los llamo yo también: hermanos».

X