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«Dios me ha concedido dos vocaciones»

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Mira Recoleta compatibiliza de la mejor forma sus dos vocaciones: la de agustina recoleta contemplativa y la de artista.

Su abuela también era pintora. Quizás por eso, Mira Recoleta pinta desde que tenía seis años. Siendo una niña, esta monja filipina pintaba con sus primero lápices. Nadie le enseñó y nadie le paró. El 9 de abril de 2003 ingresó en el convento de las Monjas Agustinas Recoleta en Lekeitio -en Vizcaya, al norte de España-. Allí cumplió uno de sus sueños -ser monja- y continúo ejerciendo otro de ellos -la pintura-.

En el convento de clausuran rezan y trabajan. En su caso, el día a día transcurre entre la oración y los lienzos. «La pintura me da paz; olvido todas las preocupaciones», dice. Entrega todo lo que tiene a los pinceles y a la comunidad, aunque admite que pintar «roba mucho tiempo». Por eso, en ocasiones deja sus herramientas para ayudar a la comunidad. Son pocas monjas en el convento.

«Dios me ha concedido las dos vocaciones», asegura. La vida contemplativa y la pintura son compatibles, aunque hay una que pesa más. La prioridad de la hermana Mira es el camino al que Dios le ha llamado: la vida de oración y comunidad en el convento. Cada pincelada es por Él: «Es una manera de acercarme a Dios y de acercar Dios a la gente». Una vez su director espiritual le puso a prueba. Le cuestionó si sería capaz de renunciar a sus pinturas y sus talentos por Dios. «Dije que sí». Prueba superada.

No obstante, jamás renunció a la pintura. «Cuando estudiaba en la universidad pensaba que si no conseguía ser monja, quería seguir como artista y pintar cuadros», recuerda. A Mira Recoleta le apasiona pintar y sus hermanas en el convento le animan a ello, como corrobora la superiora, la madre María Lourdes. Sin embargo, no hace exposiciones ni muestra sus obras. Tan solo se las envía a su familia y a la comunidad. Recientemente ha concluido un cuadro para su primo y espera concluir próximamente otro de la virgen de Begoña, encargo de sus hermanas de comunidad. «No puedo aguantar sin pintar, aunque no tenga tiempo», concluye.

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