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«El pueblo de Marajó es maravilloso, y trabajar con ellos es un privilegio».

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El misionero Fr. Cleto Millán celebra 60 años de ordenación sacerdotal y en esta entrevista comparte su experiencia y los retos que ha enfrentado a lo largo de su misión en Marajó.

Como él mismo explica, nació en la provincia de Burgos, España, y llegó a Marajó en el año 1997, después de pasar un tiempo en distintas comunidades de España y Roma. Desde su llegada, ha dedicado 28 años a la misión en Brasil, y entre los desafíos y retos que ha enfrentado en estos años, recuerda la persecución por parte de autoridades civiles que llegaron a amenazarlo de muerte. A pesar de estas adversidades, su trabajo pastoral le valió el título de ciudadano honorario en reconocimiento a su dedicación.

Fr. Cleto, que soñaba con ser misionero desde joven, ha contado que esperó pacientemente hasta terminar los compromisos en su provincia para poder ofrecerse voluntariamente a la misión en Marajó. A los 58 años, comenzó su labor en Afuá y, seguidamente, Salvaterra, Portel, y actualmente en Santa Ana de Breves. Hoy, a sus 83 años, sigue activo, supervisando la vida parroquial y varios grupos pastorales.

Asimismo destaca su acompañamiento a 450 mujeres del grupo de Madres Mónicas, su trabajo con ancianos, el «Terço dos Homens» y el proyecto social «Amanhecer Feliz», que apoya a 130 niños en situación vulnerable. Estos esfuerzos son, para él, profundamente gratificantes y le han permitido dejar una huella significativa e importante en la comunidad.

La misión en Marajó es ardua y requiere viajar largas distancias, a menudo hasta 14 horas en barco para llegar a comunidades remotas. Sin embargo, Fr. Cleto se mantiene firme en su propósito, inspirado por las palabras del Papa Juan Pablo II sobre la importancia de llevar la Eucaristía a todas las comunidades, incluso las más aisladas.

En su mensaje final, Fr. Cleto pide oraciones y apoyo para continuar su labor en medio de las dificultades y anima a otros a unirse a la misión en Marajó, destacando la riqueza y bondad del pueblo local: «El pueblo de Marajó es maravilloso, y trabajar con ellos es un privilegio».

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