Veinte personas, cinco destinos, una misión compartida: servir, aprender y crecer como familia agustino recoleta. Hablamos con Javier Sánchez, director de ARCORES Internacional, sobre esta experiencia que cambia vidas desde 2018.
Una propuesta que nace del corazón y se vive en comunidad
Desde 2018, el voluntariado internacional de ARCORES España ha sido una de las joyas de la red solidaria de la familia agustino recoleta. “Fue una de las primeras cosas que pusimos en marcha”, explica Javier Sánchez, director de ARCORES Internacional. Y aunque la pandemia obligó a una pausa en 2020 y 2021, desde 2022 la experiencia ha retomado fuerza, estructura y profundidad.
“Hoy contamos con un equipo sólido de voluntariado, con procesos de formación exigentes y acompañamiento cercano. Todo eso ayuda a que las personas que participan no solo sepan a dónde van, sino por qué van”, comenta Javier.
Una de las claves del éxito ha sido el formato grupal. “Ofrecemos experiencias en grupo, no individuales, porque lo compartido enriquece. La comunidad que acoge es parte esencial del voluntariado”, afirma.
Cinco destinos, una sola familia
Este verano, más de veinte personas viajarán a cinco proyectos: el Lar Santa Mónica en Brasil, la isla de Casi en Filipinas, Caracas en Venezuela, Totonicapán en Guatemala y las misiones de Kamalo y Kamabai en Sierra Leona. En todos los casos, se trata de experiencias enraizadas en la vida concreta de las comunidades agustino recoletas.
“Cada misión es un testimonio vivo de lo que somos como familia. Allí no solo se ayuda, se aprende. No solo se da, también se recibe”, recuerda Javier.
Además, el voluntariado fortalece los lazos dentro de la misma red ARCORES: “Las comunidades de acogida también dicen que el voluntariado les sacude, les renueva, les impulsa a comprometerse más”.
Una experiencia que deja huella
Los testimonios de quienes han participado en años anteriores coinciden: “Me ha tocado por dentro”, “He recibido más de lo que he dado”, “La comunidad me ha hecho vivirlo todo de forma distinta”. Para muchas personas, incluso para quienes llegan alejadas de la fe, es una oportunidad de volver a conectar con Dios, con los demás y consigo mismos.
“Es un momento precioso para interpelar, para proponer. Hay personas que vuelven removidas, inquietas, con ganas de dar más. Ahí es donde ARCORES intenta acompañar ese proceso”, explica Javier.
Un compromiso que nos involucra a todos
El voluntariado internacional de ARCORES no es solo una actividad de verano. Es una expresión del carisma compartido. Es familia. Es misión. Y es una invitación constante a salir, a implicarse, a dejarse tocar.
Porque, como nos recuerda el lema de este año, en ARCORES, somos peregrinos de esperanza. Y cada verano, desde hace ya siete años, cientos de pasos sencillos están cambiando el mundo, uno a uno, al estilo agustino recoleto.

