El sábado 23 de agosto concluyó en el Desierto de la Candelaria (Colombia) el Curso de preparación inmediata para la profesión solemne. Durante cinco semanas, diez jóvenes agustinos recoletos de distintos países vivieron un itinerario de formación, oración y fraternidad que los prepara para dar su “sí” definitivo a Dios.
Un tiempo de gracia en tierras colombianas
El Curso de preparación inmediata para la profesión solemne tuvo lugar entre Bogotá y el convento del Desierto de la Candelaria, en Boyacá. En él participaron diez religiosos procedentes de Filipinas, Brasil, Argentina, Costa Rica, Perú, Venezuela, México y España, un signo vivo de la universalidad del carisma agustino recoleto.
Durante la primera semana, los frailes se reunieron en la comunidad de Nuestra Señora de la Consolación en Bogotá, donde compartieron oración, vida comunitaria y formación inicial. Posteriormente, se trasladaron al histórico convento del Desierto de la Candelaria, donde profundizaron en las “sabidurías” de la interioridad, de la comunidad y de la vida eclesial, además de realizar una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.
Formación y fraternidad
Las Constituciones de los Agustinos Recoletos recuerdan que “los candidatos a la profesión solemne tengan una preparación próxima especial, con una duración mínima de un mes”. Este curso responde precisamente a esa exigencia, ayudando a los jóvenes a discernir y confirmar su vocación antes de consagrarse definitivamente a Dios.
Los días estuvieron marcados por la oración, los talleres, la vida fraterna y también por momentos culturales y de descanso: visitas al Parque Jaime Duque, a Ráquira con su “Mano del artesano”, a Villa de Leyva y a la imponente Catedral de Sal en Zipaquirá. Cada experiencia se convirtió en una ocasión para crecer en fraternidad y alegría compartida.
Ejercicios espirituales y discernimiento
El curso culminó con una semana de ejercicios espirituales, un tiempo de silencio y escucha del Señor que ayudó a los frailes a reafirmar su entrega. Al regresar a sus comunidades, lo hacen con el corazón renovado y el deseo de vivir en fidelidad lo que un día prometerán para siempre.
Un sí definitivo a Dios
Como recoge la fórmula de la profesión solemne, estos jóvenes se preparan para decir:
“En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Yo, Fr. N.N., apoyado en la gracia del Espíritu Santo y en la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de nuestro Padre san Agustín, estoy dispuesto a servir a solo Dios, con el propósito filial de consagrarme a él más íntimamente y de seguir a Cristo más de cerca.”
Los participantes regresan ahora a sus ministerios locales, a la espera de pronunciar ese “sí” para toda la vida, dispuestos a vivir como agustinos recoletos con “una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios”.


