Roma, donde aún resuenan los cantos de los jóvenes tras el Jubileo de este verano, ha sido también el escenario del encuentro del Secretariado general de pastoral vocacional de la Orden de Agustinos Recoletos. En este marco de oración y comunión, cuatro religiosos —fray Fabián Martín, fray John Eduard Olarte, fray Danillo Souza y fray Gideon Antolin Lagrimas— se reunieron para reflexionar sobre los retos actuales de la pastoral vocacional y soñar juntos el futuro de la misión.
Vocación: más que un programa, una cultura de vida
“El objetivo es ajustar la pastoral vocacional al nuevo plan global de formación de la familia agustino recoleta”, afirmó fray Fabián Martín, presidente del Secretariado. Para él, el desafío es inmenso:
“Necesitamos crear una cultura vocacional en nuestras comunidades. No basta con actividades puntuales. La vocación debe respirarse en cada casa, en cada comunidad, en cada encuentro fraterno”.
El religioso también subrayó la necesidad de formar a los agentes de pastoral:
“Un joven necesita referentes que sepan acompañar, y para eso debemos formarnos mejor, con humildad, para ofrecer procesos de discernimiento sólidos y humanos”.
Escuchar y comprender a las nuevas generaciones
Por su parte, fray John Eduard Olarte compartió la importancia de mirar a los jóvenes con ojos nuevos:
“A veces tenemos miedo de acercarnos porque no entendemos sus lenguajes o sus realidades. Pero la vocación no es cuestión de idiomas, sino de corazones. El verdadero reto es conocerlos y caminar con ellos”.
Olarte añadió que este encuentro en Roma fue un signo de esperanza:
“Me llevo la certeza de que no trabajamos solos. Aunque vengamos de provincias distintas, hablamos el mismo lenguaje del Evangelio y eso nos da fuerza como Orden”.
Acompañar con paciencia y libertad
Desde su experiencia en el acompañamiento directo, fray Danilo Souza destacó la importancia de respetar el ritmo de cada joven:
“Hoy un joven te dice ‘sí’, mañana te dice ‘no’. Y está bien. Nuestro papel no es forzar, sino acompañar. Incluso si decide no seguir adelante, eso también es una vocación: la de haber discernido con libertad”.
En ese sentido, recordó que el acompañamiento exige paciencia y confianza en Dios:
“Nuestra misión es sembrar. Los frutos los recoge el Señor, a su tiempo y a su manera”.
Más allá de culturas y lenguas
El aporte de fray Gidion Antolín, procedente de Filipinas, subrayó el valor de la unidad en la diversidad:
“Para mí es un reto el idioma, pero aquí he comprendido que no se trata de palabras. Se trata de la misión. Somos apóstoles de Cristo, llamados a la santidad, cada uno desde su realidad y su cultura”.
Su testimonio puso en relieve que la pastoral vocacional no es uniforme, sino un mosaico que, unido, refleja la riqueza de la familia agustino recoleta en el mundo.
Una familia en camino
El encuentro en Roma mostró cómo, a pesar de las distancias geográficas y culturales, el carisma agustino recoleto sigue siendo un punto de unión. Los cuatro promotores coincidieron en que el trabajo vocacional no se limita a reclutar jóvenes, sino a ofrecer caminos de encuentro con Cristo.
Como recordaba san Agustín, “con un solo corazón y una sola alma dirigidos hacia Dios”, la familia agustino recoleta quiere seguir acompañando a las nuevas generaciones con esperanza, paciencia y pasión.


