Bogotá acoge del 15 al 19 de septiembre la reunión del Consejo de Economía y Patrimonio de la Orden de Agustinos Recoletos. Convocados por el vicario general y ecónomo general, fray Javier González, los ecónomos provinciales comparten experiencias, revisan sus estatutos y hacen seguimiento a la aplicación del Directorio económico, con la mirada puesta en una administración transparente y evangélica.
Un servicio de comunión y responsabilidad
La economía de la Orden no es un asunto meramente técnico. Como recuerdan las Constituciones, “los bienes temporales de la Orden son, en cierto modo, sagrados. Deben usarse para el culto divino, el mantenimiento de las casas de formación, la sustentación de la comunidad, las obras de apostolado y para ayudar a los más necesitados”. El encuentro de Bogotá busca que esta administración sea siempre expresión de fidelidad al Evangelio y de comunión entre Provincias.
Fray Javier González subraya que la reunión es, sobre todo, un espacio fraterno:
“Compartir, escucharnos y aprender de las experiencias concretas de cada Provincia es un modo de cuidar con amor la misión que se nos ha confiado. El ecónomo no solo maneja números: acompaña, sostiene y hace posible que la vida de nuestras comunidades se centre en lo esencial, que es Cristo y su Evangelio”.
Revisar, aplicar, proyectar
Durante estos días, los ecónomos revisan los informes del año 2024, estudian los estatutos y continúan con la aplicación del Directorio económico, aprobado en el último Capítulo general. Entre los compromisos comunes figuran la contribución anual a la Curia general, la destinación de al menos el 5% de los ingresos netos para financiar proyectos de ARCORES Internacional, y el fortalecimiento del patrimonio estable de la Orden.
Las Constituciones lo expresan con claridad: la administración “ha de compaginarse perfectamente con el voto de pobreza y con la ley común del trabajo. Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura” (cf. Mt 6,33).
Economía como servicio de amor
El ecónomo, recuerda la norma, es un servidor: “Debe conocer las prescripciones canónicas y civiles, rendir cuentas a su debido tiempo, y asegurar que los bienes se custodien con transparencia y diligencia”. Pero por encima de todo, la economía se concibe como un servicio de amor, que permite a los frailes anunciar el Evangelio, formar a los jóvenes y sostener obras sociales en beneficio de los más pobres.
La reunión de Bogotá es, así, un signo concreto de corresponsabilidad y comunión en la familia agustino recoleta. Un recordatorio de que cada decisión económica, administrada con rectitud, se convierte en un acto de fidelidad a Dios y de servicio a los hermanos.

