Por Fray Enrique Eguiarte, OAR
El Papa León XIV firmó el 4 de octubre de 2025 la primera exhortación apostólica de su pontificado, titulada Dilexi te(“Te he amado”), presentada hoy en la Sala Stampa de la Santa Sede a las 12:00 del mediodía. Este texto —que podría considerarse el documento programático de un pontificado con corazón agustiniano— es también la primera exhortación apostólica del Papa León XIV, retomando un trabajo iniciado por el Papa Francisco en los últimos meses de su vida.
Así como Francisco completó la encíclica Lumen Fidei de Benedicto XVI en 2013, León XIV recoge ahora las intuiciones de su predecesor, ofreciendo una continuación espiritual y pastoral de la encíclica Dilexit nos sobre el Corazón de Jesús. En Dilexi te, el nuevo Papa denuncia con claridad “la economía que mata”, la falta de equidad estructural, la violencia contra las mujeres, la desnutrición, la crisis educativa y el abandono de los migrantes.
El Papa insiste en que las estructuras de injusticia deben ser destruidas con la fuerza del bien, y subraya que en el rostro herido de los pobres “encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo” (n. 9).
Reafirma también la “opción preferencial por los pobres”, nacida en América Latina, como expresión de la compasión de Dios por la humanidad entera, y no como discriminación. “A través de los pobres —escribe el Papa— Dios sigue teniendo algo que decirnos”.
Fray Enrique Eguiarte, agustino recoleto, profesor, investigador y experto en san Agustín, desgrana las claves agustinianas de la exhortación apostólica, destacando las citas del santo de Hipona que iluminan el documento con profundidad espiritual y compromiso eclesial.
Las citas agustinianas en la Exhortación Dilexi te
A san Agustín no solo le dedica un apartado especial en la nueva exhortación apostólica Dilexi te, sino que se nos proporcionan tres citas agustinianas. Dos de ellas procedentes de obras auténticas y una tercera sacada de un sermón pseudo-agustiniano, es decir, no auténtico del Hiponense.
En la escuela de san Ambrosio
San Agustín es mencionado en relación, en primer lugar, a su mentor san Ambrosio, para quien la caridad y la limosna no eran solo un acto de benevolencia, sino de justicia, pues se poseen bienes ajenos cuando se tiene una abundancia de bienes materiales, ya que Dios ha creado todas las cosas para el beneficio de todos los hombres y es preciso tomar conciencia de que somos simplemente administradores de dichos bienes. La cita ambrosiana es la siguiente, sacada de su obra De Nabuthae:
«Lo que das al pobre no es tuyo, es suyo. Porque te has apropiado de lo que fue dado para uso común».
En el Cuerpo de Cristo y más allá de él
En esta escuela ambrosiana se formó san Agustín, y en un sentido eclesial comentaba en el año 406 en la Enarratio al salmo 125 cómo el pobre se vuelve incluso una presencia “sacramental” de Cristo mismo. En esta Enarratio, san Agustín presenta, como en muchas otras, el sentido eclesial de la vida cristiana: somos miembros del Cuerpo de Cristo, y no podemos desentendernos de quienes forman parte de este cuerpo místico.
Por ello, exhorta a atender a los pobres de este Cuerpo de Cristo. No obstante, san Agustín no se queda aquí, e invita a sus fieles a poner atención también a los pobres fuera del cuerpo eclesial. El documento papal traduce como “extranjeros” la palabra latina exteris, que puede significar simplemente “los que están fuera”, es decir, los paganos o los no cristianos. Así, Agustín señala que la caridad no tiene fronteras y que el amor de Cristo es universal, sin exclusiones.
El texto que impresionaba a san Agustín
La segunda cita agustiniana está tomada del Sermón 86,5, predicado hacia el final de la vida del obispo de Hipona (429–430). Aunque comenta el pasaje del joven rico, Agustín regresa a uno de los textos evangélicos que más le conmovían: Mt 25,31–46. Ya en el Sermón 389,5 había dicho que este texto lo impresionaba mucho, e invitaba a sus fieles a dejarse tocar por él.
Agustín pone en labios de Cristo una paráfrasis de ese evangelio con un sentido escatológico:
«Recibí tierra y daré el cielo. Recibí cosas temporales y daré a cambio bienes eternos. Recibí pan, daré la vida. […] He recibido alojamiento y daré una casa. He sido visitado en la enfermedad y daré salud. Fui visitado en la cárcel y daré libertad. El pan que se dio a mis pobres se consumió; el pan que yo daré restaura las fuerzas, sin acabarse nunca».
El sentido purificador de la limosna
La tercera cita es de un sermón pseudo-agustiniano, y resalta el carácter sanador y purificador de la limosna. En sus auténticos sermones, especialmente los dirigidos a los competentes durante la Cuaresma, Agustín ya hablaba de la limosna como medio para purificar los pecados, complemento del camino penitencial.
Es curioso que se haya citado un texto no auténtico, cuando hay otros válidos, como el Sermón 210,9 o el Sermón 58,10, donde dice:
“Tendrá dos alas: la doble limosna. ¿Cuál es la doble limosna? Perdonad y se os perdonará; dad y se os dará”.
Una caridad institucional con rostro agustiniano
Es significativo que el Papa haya dedicado un espacio concreto a san Agustín, aunque no pueda resumirse en pocas líneas su aportación al mundo de la caridad. Agustín fue innovador: fundó la primera Caritas diocesana conocida (Ep. 20*,2) y creó el segundo hospital cristiano de la historia (cf. Sermón 356,10).
Los autores patrísticos más que hacer una reflexión teológica eclesiológica, vivían y experimentaban algunos de los rasgos esenciales de lo que hoy llamamos la comunión sacramental y la comunión en la caridad. Las Iglesias en los primeros siglos se reconocían viviendo de los mismos sacramentos en Cristo, y como parte de un mismo cuerpo, y en él se encontraban vinculados por el lazo de la caridad. Algunos escritores del primer siglo cristiano como Ignacio de Antioquía, designan a la Iglesia de Roma como aquella que preside a las demás Iglesias no por elementos jerárquicos, sino que las preside en la caridad. Esta fue la experiencia de las primitivas comunidades, reconocerse viviendo en una unión comunión o comunión en los elementos litúrgicos y sagrados (los sacramentos) y en el amor que supera las diferencias accidentales y pone de manifiesto lo esencial que une.


