En el marco del Jubileo de la Vida Consagrada, más de doscientos miembros de la familia agustino recoleta se reunieron en Ariccia, a las afueras de Roma, coincidiendo con el encuentro de formación permanente de religiosos de diversas etapas: frailes agustinos recoletos con menos de cinco años de vida consagrada y otros que ya han cumplido cincuenta años de profesión, además de monjas agustinas recoletas de México y España y Comendadoras de Santiago.
Uno de los momentos centrales del encuentro fue la charla de Mons. Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, quien ofreció una profunda reflexión sobre la sinodalidad y su importancia para la vida consagrada hoy. Descarga el texto completo de la charla desde aquí.
Mons. Marín recordó que la sinodalidad no es una novedad ni una estrategia pastoral, sino «una dimensión constitutiva de la Iglesia». Subrayó que no se trata de una estructura burocrática ni de una moda eclesial, sino de una espiritualidad de comunión que tiene como modelo a la Trinidad y como camino el discernimiento compartido.
«El sínodo no es un parlamento ni una lucha de poderes. Es una llamada a escucharnos, a cuidarnos, a vivir como hermanos», afirmó. Invitó a no tener miedo ante este tiempo de cambios, consciente de que las tensiones no anulan la comunión:
«La división no es cristiana. En la Iglesia, como en la familia, puede haber tensiones, pero lo que nos une es mucho más profundo que nuestras diferencias».
Dirigiéndose de forma particular a la familia agustino recoleta, insistió en que el carisma agustiniano —centrado en la vida en comunidad, la búsqueda de la verdad y la interioridad— tiene mucho que aportar en este momento histórico de la Iglesia. Señaló que la vida consagrada y la espiritualidad agustiniana son ejemplo de corresponsabilidad, de escucha y de discernimiento comunitario. «No estáis fuera del sínodo: estáis en el corazón del proceso», afirmó.
Con un tono cercano, Mons. Marín compartió también su experiencia vocacional: «Yo nunca quise ser cura diocesano. Siempre he sentido que necesitaba vivir mi fe en comunidad, caminar con otros. Por eso me siento como en casa entre vosotros».
El obispo subrayó la importancia de leer los signos de los tiempos con realismo y esperanza. Advirtió del riesgo de quedar anclados en modelos pasados e invitó a afrontar con valentía los retos actuales, recordando que el Evangelio continúa siendo buena noticia para el mundo contemporáneo. Entre los desafíos que mencionó se encuentran el impacto de la inteligencia artificial, la necesidad de una formación integral del laicado y la creación de nuevos ministerios para contextos diversos.
Mons. Marín concluyó su intervención pidiendo oraciones por el Papa y por el proceso sinodal, y agradeció la acogida de la familia agustino recoleta.
«Os he hablado con el corazón. Creo profundamente en este camino. No es una invención. Es una gracia para la Iglesia. Y juntos, como familia agustiniana, podemos ser cauce para que el Espíritu siga hablando hoy a su Iglesia».
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