Con motivo de la fiesta de santo Tomás de Villanueva, la familia agustino recoleta —frailes que se encuentran en Roma por el proceso de formación por etapas, tanto los de menos de cinco años de vida consagrada como los de más de cincuenta, junto con monjas agustinas recoletas de México y España y las comendadoras de Santiago— se reunió en la Casa Divin Maestro de Ariccia. En este contexto fraterno y jubilar, Monseñor Luis Marín de San Martín, subsecretario del Sínodo de los Obispos, dirigió una charla en la que animó a los agustinos recoletos a vivir con valentía, alegría y profundidad el proceso sinodal, como una expresión actual de su carisma.
Un encuentro en familia, una palabra luminosa
En el marco del encuentro de formación permanente en Roma y como parte de las celebraciones por la fiesta de santo Tomás de Villanueva, la familia agustino recoleta vivió una jornada muy especial en la Casa Divin Maestro de Ariccia. Allí se reunieron los frailes en formación por etapas —menos de cinco años y más de cincuenta años de vida consagrada—, junto con monjas agustinas recoletas de las federaciones de México y España, las comendadoras de Santiago, fraternos seglares y laicos vinculados a la Orden. Fue en este clima de familia donde Monseñor Luis Marínofreció una charla cercana y apasionada sobre el camino sinodal que vive la Iglesia.
Monseñor Marín se encontró con los más de 200 participantes del encuentro: frailes, monjas, comendadoras, fraternos seglares y laicos vinculados a la Orden. Hablando “de corazón a corazón”, compartió su visión sobre el proceso sinodal que vive la Iglesia y el papel fundamental que tiene la vida consagrada en este momento.
“La sinodalidad no es una moda, es el ADN de la Iglesia”
Desde el inicio, Monseñor Marín fue claro: la sinodalidad no es una invención reciente ni una moda ideológica, sino una dimensión constitutiva de la Iglesia que hay que redescubrir.
“La Iglesia no es un parlamento de ideas; es una comunidad que camina unida. La sinodalidad es comunión, participación y misión”, afirmó.
Recordó que este proceso sinodal debe vivirse como un camino espiritual, no como un reajuste estructural, y que exige una doble conversión: espiritual y relacional. “Sin comunión, no hay comunidad, y sin comunidad, no puede haber comunión con Cristo”, insistió.
Una invitación a la familia agustino recoleta
Dirigiéndose directamente a los agustinos recoletos, Marín subrayó que su forma de vida ya contiene elementos sinodales:
“La espiritualidad agustiniana tiene mucho que decir a la Iglesia hoy. Vuestra estructura comunitaria, los capítulos, el gobierno como servicio… todo eso es sinodalidad en práctica. Ahora debemos renovarlo con más consciencia y audacia.”
Animó a los religiosos a superar la tentación del aislamiento o la división, y a fortalecer la escucha mutua:
“La división no es cristiana. En una familia puede haber diferencias, pero siempre se busca el bien común. Así debe ser la Iglesia: como hermanos que caminan y discernien juntos.”
“No podemos vivir en un tiempo que ya pasó”
Con tono directo, Mons. Marín también lanzó una advertencia sobre los riesgos de quedarse anclados en modelos del pasado:
“A veces vivimos como si estuviéramos en los años 70 u 80. Pero el año 2000 ya pasó hace un cuarto de siglo. Tenemos que leer juntos los signos de los tiempos: ¿qué dice hoy el mundo?, ¿qué necesita?, ¿cómo respondemos como familia agustino recoleta?”
Mencionó temas que parecen lejanos pero que afectarán profundamente a la Iglesia, como la inteligencia artificial, la polarización social o los cambios culturales globales. Frente a esto, llamó a la familia agustino recoleta a formarse, discernir juntos y responder en comunión, sin miedo al cambio, pero con fidelidad al Evangelio.
Corresponsabilidad: laicos, religiosos y jerarquía
Monseñor Marín insistió en la necesidad de una Iglesia verdaderamente corresponsable, donde todos —laicos, religiosos y jerarquía— tengan voz y participación activa:
“La vida consagrada está llamada a ser modelo de corresponsabilidad. Pero también necesitamos un laicado más formado, más audaz, más comprometido… No para sustituir a nadie, sino para vivir su vocación bautismal con plenitud.”
Se refirió también a los nuevos ministerios laicales (lector, acólito, catequista), y a la posibilidad de otros que puedan surgir según el contexto pastoral. Lo importante, recalcó, es descubrir el valor del bautismo como fundamento de la misión.
Un tiempo decisivo para la Iglesia
Monseñor Marín cerró su intervención con una afirmación cargada de esperanza y responsabilidad:
“Estamos en un momento decisivo para la Iglesia. No hay vuelta atrás. Pero no caminamos solos. El Espíritu nos guía. Y la vida consagrada —especialmente la agustiniana— tiene mucho que ofrecer.”
Pidió finalmente oraciones por el Papa, por el sínodo y por toda la Iglesia, para que el camino que se abre no se viva con miedo, sino como una oportunidad para redescubrir la belleza del Evangelio compartido.
Una palabra para el presente y el futuro
La familia agustino recoleta escuchó con atención, emoción y gratitud las palabras de Monseñor Marín. Su charla fue más que una conferencia: fue una llamada a caminar juntos, a renovar el corazón misionero del carisma agustiniano y a vivir este kairós como una gracia para la Iglesia y para el mundo.

